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  #1  
Old 12-30-2005, 10:29 AM
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Relato Ganador del Concurso "Creación de un Objeto"

Algunos sabréis que Pablo Porcel (PALEO, en los foros) ganó la sección Narrativa del concurso Creación de un Objeto, por "Las Reliquias de Shanda". Pero seguramente muy pocos conozcáis el contenido de sus victoriosos relatos.

Os proponemos la lectura de los tres amenos micro-relatos que llevaron al jurado a tomar la decisión de proclamar a su autor como vencedor del concurso:

- Shanda, la Elfa Oscura Nigromante.

- Las Reliquias de Shanda.

- Hujun en acción

¡Esperemos que los disfrutéis y os animen a escribir vuestros propios relatos!

Last edited by Klemto : 12-30-2005 at 10:50 AM.
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  #2  
Old 12-30-2005, 10:37 AM
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Shanda, la Elfa Oscura Nigromante

Shanda nació en tiempo oscuros, pero los niños tienen la cualidad de abstraerse de aquello malo que les rodea y crear su propio mundo infantil. Por eso ella vivía ausente de los grandes conflictos que afrontaba su raza, de los dragones y los orcos que la amenazaban.

Sus padres eran Elfos, perteneciente al linaje de los Grandes Magos, y por tanto formaban parte del Círculo de Poder, constituido por los más poderosos e influyentes de entre los de su raza. Ella tenía un don innato para la magia. Su tío, al que ella amaba casi tanto como a su padre, siempre le decía “Shanda, la magia corre por tus venas como los ríos por la floresta, si te esfuerzas, algún día, llegarás a ser una gran maga y harás que todos nos sintamos orgullosos de ti”. Un día paseando con él le preguntó: “Cuando sea mayor, ¿me enseñarás cuanto sabes para llegar a ser un mago tan poderoso como tú?” él sonriendo contestó “Aún eres muy joven, pequeña Shanda, han de pasar cientos de años antes de que estés preparada. – pero viendo como el rostro de su querida sobrina, a la que él adoraba, se entristecía, añadió – pero cuando lo estés te prometo que lo haré.” A veces los adultos hacemos promesas a los jóvenes pensando que, con el transcurrir del tiempo, no las recordarán, pero Shanda era una niña especial, y guardó aquellas palabras en su corazón como un preciado tesoro.

Pasaron los años y Shanda destacaba cada vez más sobre sus compañeros. Eso no le granjeó muchos amigos, pues mientras ellos se esforzaban para aprender los secretos de la magia, ella, con un simple gesto de su mano, hacía crecer plantas de la tierra o madurar los frutos en los árboles. Así se encontraba cierto día en el bosque, sola, como era habitual, separada del resto del grupo de aprendices, cuando, mirando una rama, vio como un pájaro levantaba las alas y alzaba el vuelo. Sin pensar alzó su diestra, y mirando al pájaro cerró el puño en el aire. En ese instante el animal cayó fulminado del cielo. Shanda se agachó, lo tomó sobre la palma de su mano y contempló su obra. Cuando volvió con el grupo ya no le importaron las burlas de sus compañeros, ella tenía ahora un secreto, ahora sabía lo que era sentir el verdadero poder de la magia.

Los elfos son una raza particularmente sociable, y gustan de reunirse en círculos a cantar, contar historias y debatir sobre la vida y la magia. Mas, últimamente, cada vez con más frecuencia, estas reuniones terminaban en riñas entre aquellos partidarios de combatir a sus enemigos con el uso de la magia destructiva y aquellos que, esgrimiendo que ésta iba en contra de los preceptos primordiales de su raza, no consentían el uso de este tipo de magia. Estas discusiones terminaron en un cisma traumático para los elfos. Aquellos partidarios de la destrucción fueron expulsados fuera de los bosques y exiliados.

Shanda ya no era una niña y el cisma de los Elfos la pilló de lleno, pues su amado tío, hermano de su padre, fue uno de los llamados herejes y tuvo que partir al exilio. Ella no podía comprender todo aquello, pero lo que sí entendía es que la separaban del ser al que amaba más en este mundo, por encima de sus progenitores o maestros. Esto despertó en ella un odio feroz hacia todo lo que representaban.

Había aprendido mucho y, aunque aún estaba lejos de ser una Gran Maga, su poder y sus conocimientos estaban a la altura de muchos poderosos entre los suyos. En secreto había seguido el camino que aquel suceso en el bosque le había marcado. Había aprendido, sin maestro alguno, no sólo a quitar la vida, sino también a devolverla, aunque aún no controlaba del todo a sus creaciones, como ella las llamaba, y tenía que acabar con ellas casi al instante de reanimarlas. Ese ciclo de hechizos de vida, muerte, muerte/viviente y destrucción total, la hacían cada día más y más hábil y poderosa.

Un día decidió que ya nada la ataba a aquellos que la habían separado del ser que más amaba y tomó ella misma su propio exilio.

Vagó por las tierras de Ganareth en un ansia continua de conocimiento. Visitó las islas de Ghijiar, donde perfeccionó el arte de la reanimación, instruida por los siervos de Malecta; éstos, reconociendo su enorme poder, le entregaron la Vara de Hujun, capaz de canalizar, a través de su negro cristal lunar, la magia necesaria para levantar a ejércitos de cadáveres vivientes. Convivió con los Semi-Orcos en los desiertos de Khaar donde perfeccionó aún más su técnica. Aprendió, mezclando todos los estilos y conocimientos que dominaba, a realizar hechizos tan poderosos que, hasta los más sabios de esta raza habituada a la nigromancia, palidecían al ver lo que era capaz de hacer. Ellos se inclinaron ante ella y le ofrecieron dirigir sus destinos, pero ella rechazó el ofrecimiento. Quisieron, no obstante, que llevara siempre una gema en la frente, en recuerdo de su pueblo y ella así lo hizo. Esta piedra era nacida de las más profundas cavernas del desierto, y estaba cargada con una singular magia, cuyo poder y efectos se perdieron en el tiempo y ahora ya nadie conoce.

Dicen que se convirtió en la mejor nigromante que jamás caminó por Ganareth.

Terminó su periplo yendo al lugar que la había estado llamado desde que salió de su hogar. Fue al encuentro de su tío, en el exilio de las cuevas de Ákora.
Cuando él la vio no pudo dar crédito a sus ojos, casi no la reconocía. Aquella joven elfa de piel clara, rubios cabellos y ojos azules era ahora una dama hermosa y terrible. Bella hasta el extremo, con una melena larga azabache cayendo sobre la piel, ahora oscura, de sus hombros. En sus ojos ya no había esa chispa azul de juventud, sino un negro insondable de poder oscuro.
– Amado tío – le dijo – he venido a tu lado para que cumplas tu promesa. Enséñame a ser un mago tan poderoso como tú.

- Querida Shanda, mi sobrina amada, – contestó él hincando su rodilla ante ella – Siento en tus ojos un poder que jamás vi ni pensé que pudiera existir. Ahora, nada ni nadie puede enseñarte más, ahora serás tú la habrás de hacer de mí tu discípulo.

Dicen que allí acabó sus largos días, que cientos de jóvenes fueron sus acólitos y que en algún lugar de aquellas cavernas se conservan aún su gema y su vara. Mas su cuerpo nadie sabe donde reposa, pues cuentan que al final su poder fue tal que trascendió el espacio y el tiempo y que todavía se aparece a aquellos que siguen la senda de sus enseñanzas.
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  #3  
Old 12-30-2005, 10:40 AM
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Las Reliquias de Shanda

El Elfo Oscuro portaba una vara negra. Era de esas singulares varas que tienen nombre propio. La Vara de Hujun, fabricada en las islas de Ghijiiar por los siervos de Malecta para Shanda, la legendaria nigromante.

Tenía runas rojas escritas a todo lo largo, eran finas y con una caligrafía extrañamente retorcida y aunque yo era incapaz de leerlas, su sola visión, su forma y disposición, provocaban una sensación de congojo, de desazón, de malestar, como cuando observas algo macabro y desagradable que preferirías no haber visto y desearías olvidar.

En su extremo había engarzada una piedra con estrías y salientes afilados, que parecía a punto de romperse. Era de un color negro, insondable y profundo. Emanaba un tenue brillo rojo sangre, como si realmente el líquido vital se derramara de ella en un desangrar eterno.

En su pecho lucía la segunda reliquia de Shanda, la gema que le regalaran los Semi-Orcos del Desierto de Khaar. El conocimiento de su poder se había perdido en el tiempo, pero al parecer aquel mago lo había recuperado. Lucía de forma provocadora y aquel que la miraba caía prendado de su belleza y deseaba poseerla desesperadamente, ese deseo le consumía las fuerzas y la razón hasta hacerle postrarse ante su dueño o le destruía al tocarla. Era una pieza única… y peligrosa, incluso para el que la portaba. Por ello la llevaba cubierta por una tela de seda transparente, pero mágica, que nublaba los efectos de la gema.

N.A.: Extracto de la historia de Paleo
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  #4  
Old 12-30-2005, 10:46 AM
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Hujun en acción

Desde el primer momento, algo le dijo que los dragones atacarían la ciudad. Tal vez su sintonía con la parte oscura del universo le permitía armonizar con aquellas criaturas malignas y prever de alguna manera sus intenciones. Había decidido bajar hasta allí, ocultándose en el templo, conocedor de que la poderosa magia que protegía la edificación derribaría a la bestia.

La ciudad ardía en llamas a su alrededor, pero él continuó caminado hacia el dragón. Las runas de su túnica brillaban ahora con un rojo intenso. También lo hacían las de Hujun, su vara negra. La mantenía en alto sosteniéndola con una mano, la vara vibraba y zumbaba con un sonido opaco que inundaba el aire mientras él formulaba las palabras de un poderoso conjuro. Varios acólitos le rodeaban y todos ellos entonaban al unísono el mismo salmo tenebroso. La voz que producían helaba la sangre y parecía que la oscuridad de la noche se hacía cada vez más intensa a su alrededor, envolviendo al grupo en una esfera negra como la muerte.

El dragón se dio cuenta inmediatamente de su presencia alertado por el instinto y giró en redondo el cuello para encararlos. Batió las alas formando un torbellino a su alrededor y golpeó salvajemente la cola contra el suelo, haciéndolo vibrar, las ascuas y los escombros volaban por doquier. Su mirada helaba la sangre y sus fauces abiertas podían parar el corazón del héroe más aguerrido. Pero los magos no se inmutaron y elevaron el tono y la intensidad de su salmodia.

La magia de aquel maldito edificio verde le había causado un dolor indescriptible y además lo había tirado desde el cielo. Pero no estaba acabado, no escupiría su fuego, lo necesitaba para elevarse, pero bien podía destrozar a aquellos peleles de negro que osaban enfrentársele. Por mucha magia que usasen sólo podrían infringirle un dolor momentáneo, como el que aquella luz verdosa le había causado, pero él desmembraría sus frágiles cuerpos y los devoraría después.

Así se lanzó decidido al ataque, batiendo las alas y caminando a grandes zancadas sobre sus patas traseras. Los dragones no son hábiles en tierra, pero pueden moverse en línea recta a gran velocidad gracias a sus formidables extremidades traseras, lo que los convierte en una seria amenaza para cualquier defensor.

Zhuwur, sin inmutar su expresión fría y terrible, apuntó con su vara al dragón y recitó el salmo final. Entonces, de la piedra de su extremo, brotó un relámpago negro que golpeó directamente al animal. Fue un fulgor súbito e intenso. El dragón, que había parado en seco su carrera, sintió el impacto y no se inmutó. Se quedó un instante desconcertado ante lo inofensivo del ataque, pero después reanudó su carga. Dio tres zancadas, pero a la cuarta, la pata izquierda, le flaqueó haciéndole tropezar y caer de bruces.

"¿¡¡Qué me está pasando!!?" - Se preguntó mientras sentía que las fuerzas le abandonaban por completo. La vida se le escapaba con cada latir del corazón. Se le nublaba la vista. Quería levantarse, pero no podía sentir sus miembros. Al poco perdió la conciencia y al fin se hundió en las sombras oscuras de la muerte.

El hechizo de absorción de vida era un conjuro letal, cuyo poder dominaba a la perfección el Mago Oscuro. No se conocía forma animada que pudiera sobrevivir a él si era conjurado en las condiciones adecuadas y muy pocas varas podían amplificarlo sin destruirse a sí mismas y a su portador.
Zhuwur hincó una rodilla en el suelo, aún apoyado en Hujun abrumado por el esfuerzo. Al rato se incorporó y seguido por los acólitos, regresaron al templo. Ninguno de ellos había cambiado su semblante ni por un instante durante toda la escena.

Hasta entonces ningún elfo había visto aquel conjuro y pasarían muchas generaciones de éstos en volverse a contemplar sus terribles efectos.

N.A.: Extracto de la historia de Paleo.
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  #5  
Old 12-30-2005, 10:51 AM
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Y ahora, si queréis hacer vuestros comentarios o críticas, adelante.
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  #6  
Old 09-07-2006, 10:59 PM
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Last edited by Mithfalas : 09-25-2006 at 12:42 PM.
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